lunes, 13 de febrero de 2017

Champiñón y míster Hyde


 




HASTA hace un mes desayunaba mientras echaba un vistazo a los informativos de televisión, pero, desde que aparece el presidente de Estados Unidos lo he dejado porque se cortaba la leche del café. Ahora prefiero la literatura de terror y, en especial, el subgénero de las etiquetas alimentarias. Estoy enganchado, oigan. No saben cómo disfruto cogiendo unos cuantos paquetes, botes y latas del armario de la cocina, diseminándolos por la mesa y examinando su contenido. Por ejemplo, en la crema de champiñones ves en la foto la sopera humeante, con la mano de la abuelita, que vive en el caserío y que ha recolectado los hongos uno a uno en la campa de al lado y los ha metido en el bolso del delantal de cuadros para cocinarlos, y se te hace la boca agua. Luego das la vuelta al envase y descubres con un escalofrío que está elaborada con crema de harina, almidón, glutamato, fécula de patata, sal y 1,2% de champiñón. Pasas al sobre de la pechuga de pavo y ves que solo el 40% es pavo y que el resto pueden ser plumas y se te erizan los pelos. El sumun son las cremas achocolatadas. Pronto exigirán para comprarlas que firmes un pliego de conformidad con sus efectos. Lo que en la portada es natural, artesanal, ecológico y casero, se convierte por detrás en aceite de palma, azúcar, antiaglomerante, almidón, huevina, excipientes y grasas saturadas. Dicen los chinos: “No mires lo que comes o no comerás”. Salvo que disfrutes con el doctor Jekyll y míster Hyde, claro.
@caducahoy

viernes, 10 de febrero de 2017

Explosión en una central nuclear francesa: tranquilos, la culpa la tuvo el queso




TIENE bemoles lo mal pensada que es la gente. Se enteran de la explosión en la sala de máquinas de una central nuclear en Francia y se lanzan cuerpo a tierra en El Arenal mientras se encasquetan la txapela hasta la boca. Por eso, cuando se produce este tipo de hechos sin importancia, lo mejor es informar. Y cuanto más, mejor. El incidente se debió a la explosión de la tartera de un operario amante del Époisses de Borgogne, uno de los quesos franceses más pestilentes. Llevaba tres días en el recipiente y con el calor y la fermentación comenzó a liberar electrones. Bueno, en realidad, salieron huyendo, lo que provocó un inicio de fusión termonuclear láctea de pequeño formato. Una especie de bomba atómica minimalista, vamos. Se registraron cinco heridos, pero no por la explosión, sino por el olor. Tanto es así que los franceses están estudiando si este queso podría reemplazar al uranio en el futuro. 
En su línea, el Consejo de Seguridad Nuclear español ha querido recordar que tanto nuestras centrales nucleares como las lecheras juegan en la Champions de la Liga Atómica, y que los accidentes, además de ser imposibles, son poco probables. De hecho, si ocurren, que ocurrirán, será debido a la mala suerte. Por eso llaman a la tranquilidad, ya que la contaminación radioactiva no dura cientos de miles de años como se pensaba, sino solo decenas de miles, lo que muestra un horizonte mucho más esperanzador. Además, aquí no desayunamos queso, sino torreznos. Y eso su pone un menor riesgo
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

viernes, 3 de febrero de 2017

Aquellas filminas... qué tortura!



EL domingo, mientras construía un refugio anti-Trump en la ganbara, me topé de bruces con el proyector de diapositivas. Qué susto, oiga. Estaba bajo medio quintal de discos de vinilo, junto a la pantalla y el puntero de luz, ese humilde precursor de la espada láser de Obi-Wan Kenobi. 
Sentí un fuerte calambre emocional y, durante unos segundos, me teletransporté a una de aquellas maratonianas sesiones en las que nos saturaban con fotos de bodas, viajes a Salamanca o colecciones de setas. Daba igual lo que proyectaran, todo era un empacho. Y así, lo que comenzó como una forma estimulante de disfrutar de las imágenes en gran formato se convirtió en una tortura que alcanzaba su clímax con la mítica frase: “Y aquí se aprecia cómo el león ataca al elefante que lleva a los seis turistas alemanes en el lomo. Lo que pasa es que solo se ve un borrón negro porque era de noche, yo estaba nervioso y olvidé quitar la tapa del objetivo”. “¡Impresionante!”, exclamábamos todos al unísono lamentando que el león no le hubiera arrancado la cámara de las manos. 
Mi hija, que me encontró ensimismado en estos pensamientos, preguntó qué era ese artilugio que sostenía en las manos. “Un sistema óptico de proyección lumínica que, conectado al home cinema, unas velas olorosas y unos tequilas, produce una estimulación audiovisual envolvente y olfativa que te hace salivar de gusto. Mucho mejor que las gafas 3D. Y está en venta”. “¡Te lo compro!”. “¡Adjudicado!”.
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

viernes, 27 de enero de 2017

Cuando el retrete es más listo que tú



LAS compañías japonesas han creado una serie de iconos para enseñar a los extranjeros a utilizar sus inodoros. En este aspecto, los nipones son tan sibaritas como en costumbres gastronómicas. Solo ellos son capaces de envolver un dedal de arroz con una tirita de algas, ponerle una uña de pescado crudo, bautizarlo como sushi y cobrarlo a precio de caviar beluga. Si eso no es I+D+I+IVA, que venga Ferran Adriá y lo deconstruya. Es verdad que en Euskadi hemos aprendido la lección y les pisamos los talones con esa torta de harina de maíz que denominamos talo y que pronto empezará a cotizar en el Ibex 35, pero, en lo que respecta a sanitarios, ellos siguen jugando en las grandes ligas. Ni siquiera Trump, que se alivia en un trono de oro, llega a su nivel. Si los comparamos con un retrete nipón, distan mucho de ser inteligentes. Ambos. El evacuatorio oriental detecta cuando entras, te saluda, abre la tapa, calienta el asiento y espera a que te sientes mientras activa un panel de mandos con más botones que la cabina de un avión de Ryanair. Tuve la ocasión de utilizarlos en un viaje a Tokio y la experiencia es difícil de olvidar. Y también peligrosa, ya que son capaces de soltar chorros de agua y aire con efectos de luz y sonido similares a las fuentes de Montjuïc. Por eso, es de vital importancia saber controlar la temperatura y presión para no acabar con los huevos escalfados o sufrir un lavado de colon inesperado. Por lo demás, una gozada. Roca, a ver cuándo te pones las pilas.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

lunes, 23 de enero de 2017

Nik espikininglis



LA mitad de los vascos, según dice el estudio realizado por la Cambridge University Press, confesamos que no llegamos a un nivel medio de conocimiento del inglés. Y creo que, de la otra mitad, la mitad miente. Pese a ello, no hay que ser pesimista. De hecho, todos somos capaces de leer con precisión cualquier idioma extranjero que se ciña a los caracteres latinos y no escriba con garabatos, como el árabe, glagolítico o tamil. Otra cosa es que al pronunciarlo no nos entienda nadie y no sepamos lo que decimos, pero cumplimos una de las tres condiciones para comunicarse con el imperio lingüístico del Brexit, que no es moco de pavo para ser autodidactas. 
Aún así, no llegamos al aprobado y tras el Informe PISA es un lujo que no podemos permitirnos. Y menos en Euskadi, donde la lengua y la lingüística es una de las industrias del país. Encauzado el euskera, las instituciones llevan años poniéndonos deberes y bautizan en la lengua de Shakespeare todo lo que se menea con más afán didáctico que el British Council. El pistoletazo de salida lo dio el Bilbao Exhibition Centre, que pese a su rimbombante nombre era una feria de muestras que ni estaba en Bilbao ni en el centro. Desde entonces ha llovido mucho, sobre todo, el martes, y ahora no hay chichiflí que no lleve un palabro en inglés. El último, el Txistorra Encounter Forum. Tres idiomas para una simple barbacoa. Ya les vale.

Josetxu Rodríguez
@caducahoy

martes, 10 de enero de 2017

Cómo convertir electrones en oro



CUANDO me jubile haré un doctorado para comprender el ciclo de la energía eléctrica, ya que, en estos momentos, me resulta tan complicada de asimilar como el arte amatorio del bosón de Higgs con los leptones. Lo considero un proceso alquímico que convierte los electrones en oro incumpliendo todas las leyes del mercado, la física, la lógica e, incluso, la logística. Echo un vistazo a la factura y se me funden los plomos, saltan los diferenciales y me quedo a oscuras, como sin energía. Es inútil apagar luces o electrodomésticos para ahorrar, al final, los recibos se parecen unos a otros ya seas un derrochador o un miserable avaro. 
Me explica por teléfono una señorita muy amable que es por culpa del alquiler del contador, el mantenimiento de la red de distribución y media docena de cosas más. Pero se queda callada cuando le recuerdo que cuando echo gasolina pago por el líquido que consumo y no una cantidad cada mes por el alquiler del surtidor y la red de barcos y camiones que la transportan desde los Emiratos Árabes. 
Es todo tan absurdo que la ineficiente bombilla incandescente costaba 60 céntimos y la ahorradora de led casi doce euros. Una paradoja como la de los molinos eólicos, que uno no sabe si giran porque hace viento o hace viento porque giran. Dado el precio del servicio podría pensarse que están enchufados a la red eléctrica como los ventiladores o los expresidentes y exministros. Caramba, ¡qué coincidencia!
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

jueves, 5 de enero de 2017

Tirar antes de leer 96: Necesito dinero y adelgazar

Queridos Reyes Magos:
Seré breve. Necesito dinero y adelgazar.

Hola:
Aquí los Reyes Magos. Gracias por ser breve. Nosotros también lo seremos. Trabaja y no comas tanto.

martes, 3 de enero de 2017

domingo, 1 de enero de 2017

Dale el oso, por favor


EL oso. Quiero el oso. Dame el oso, ama. Porfa, el oso. ¡El osooooooo!”, Viajábamos una muchedumbre en el autobús. Al volante, un sustituto con el carné sacado en la mili y perfeccionado en la conducción de reses al matadero. “El oso, ama, el oso”. Dado los acelerones y virajes, en el París-Dakar lo habrían detenido por conducción peligrosa. Miraba por el retrovisor y se le veía disfrutar. “Quiero el oso. El oso, el oso, el oso”. En una curva en la que chirriaron las ruedas, a una anciana se le saltó la dentadura que quedó incrustada en el bolso de su compañera de enfrente.
Y allí estábamos, encerrados, como en el infierno de Dante, con un niño gritón y exasperante que, por lo que pude deducir, quería el oso de su hermano. El oso, ya saben, el oso. Su ama jugaba al Candy Crush con los auriculares puestos. Inmune a los gritos como lo son al tren los que viven junto a las vías. “Dame el oso, ama, el oso, oso, oso”. Pensé en quitarle el oso al hermano para metérselo en la boca al energúmeno en ciernes, pero estaba armado con un sonajero y con claras intenciones de usarlo como arma.
Eché un vistazo a los presentes. Por su mirada deduje que un tercio estaban dispuestos a tirar al niño por la ventana;el otro, a la madre y al niño y dar al pequeño en adopción, y el resto, a lanzarse ellos como último recurso. Si no se produjo una masacre autoinfligida fue porque llegamos a la parada y los tres y el oso salieron ajenos por completo a los efectos colaterales que producía su existencia.
Josetxu Rodríguez. @caducahoy


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Un libro entre los juguetes ¡cuerpo a tierra!



  LA alarma sonó alta y clara en El Arenal, como en los bombardeos de la Guerra Civil. El peligro se localizó entre los juguetes que se recogían para aquellos niños que carecen de ellos, si es que queda alguno. En quince minutos llegaron los servicios de emergencia: ambulancias, cuerpos policiales variopintos, agentes de paisano, supervisores encubiertos de agentes de paisano y contravigilancia de supervisores, además de desactivadores de explosivos, bomberos y un electricista, por si hiciera falta. 

El origen del sobresalto se centró en un objeto cuadrangular, parecido a una caja de donettes, encontrado entre los peluches que mostraba extraños caracteres. Parece escritura árabe, dijo el electricista. Tras lo cual, se acordonó medio kilómetro cuadrado y se llamó a un experto en idiomas terroristas. Tras examinarlo a prudente distancia concluyó que se trataba de una dedicatoria escrita por un médico en un libro de poesía en euskera para niños. Se produjo una enorme conmoción. ¿Quién ha podido ser el desalmado? ¿Y si un pequeño lo hubiera cogido sin querer y lo hubiera leído, quién sabe qué efecto pernicioso podría haber provocado en su inmaduro cerebro destinado exclusivamente a consumir sin más pretensiones vitales? 
El grupo de anticontaminación de la central de Garoña se llevó el ponzoñoso objeto para depositarlo en el silo nuclear donde no pudiera hacer daño a nadie. Todos respiraron aliviados. Todavía no habían visto la factura del electricista...
Josetxu Rodríguez
 @caducahoy