jueves, 22 de junio de 2017

Inflación de donuts


columna Josetxu Rodríguez, donuts, régimen, peso,

ESTÁS delgado. Me lo decía todo el mundo. Y tanto es así que empecé a preocuparme. Al fin y al cabo, no es lo mismo que te comenten: “¡Qué delgado estás!”, con un puntito de admiración, a que sostengan: “¿Has adelgazado, no?”, con esa mirada conmiserativa de quien atisba un hermoso cadáver en un futuro próximo. Así que compré una báscula para comprobar si mi cuerpo estaba implosionando y evitar que una racha de viento pudiera arrastrarme por los tejados como a Mary Poppins. Tras un minucioso estudio, en el que comparé lejanos análisis clínicos con pesos actuales, puedo afirmar y afirmo que no es así. Desde hace muchos años me sitúo en torno a los 72 kilos, una cifra muy razonable para un hombre de mi altura, desnudo y con gafas. Lo de las gafas es para ver los número de la báscula, allá lejos, junto a los pies. Lo que me adelgaza a pasos agigantados es la vista, en eso no hay duda. Se lo comentaba el otro día a una amiga de la universidad que me encontré en un pub y con la que estuve charlando bastante rato, hasta que me di cuenta de que era un perchero. Deduzco, por tanto, que lo que sucede es que el mundo engorda a mi alrededor. Lo acaba de confirmar el consejero de Sanidad. La obesidad es la epidemia del siglo XXI. Y no podía ser de otra manera, ya que la población disminuye a pasos agigantados pero el número de donuts no deja de aumentar. Quizá el Banco Central Europeo debería ocuparse también de esta inflación y equilibrar bocas y pasteles.
@caducahoy

martes, 20 de junio de 2017

Como muestra, un botón


columna Josetxu Rodríguez, equivocaciones, botón, parlamentarios

HAY quien piensa que apretar un botón es fácil. ¡Qué inconscientes! Imagínense ustedes ante el interruptor nuclear recibiendo datos contradictorios y sin saber si lo que se dirige hacia su país es un misil termonuclear o una gaviota cabreada. La disyuntiva es morir matando o morir a secas, y para la historia esto último queda muy mal. Algunos no se lo pensarían ni un momento. De hecho, Trump lo presionó para ver si funcionaba. Si todavía pueden leer ustedes estas líneas es porque el jefe del FBI le había dado el cambiazo y, en lugar del maletín del juicio final, le entregó el neceser de la Barbie norcoreana. 
Pulsar el botón adecuado es lo primero que aprenden los diputados. El 90% de ellos cobran un sueldazo por realizar esta tarea a toque de trompeta. Con los años van cogiendo práctica y son capaces de hacerlo con las dos manos, como Carlos Iturgaiz, que votaba por él y por Mayor Oreja cuando este hacía novillos en el Parlamento Vasco. Hasta los senadores consideraban normal esta práctica. Incluso la perfeccionaron de tal manera que el socialista Gaspar Zarrías usaba el pie para no tener que reincorporarse en el sillón. ¡Cuánto les echo de menos! Hace unos días, el presidente Rajoy votó en contra de sus propios presupuestos y el presidenciable Pablo Iglesias a favor de las cuentas de Mariano. El jefe de gabinete y diputado del Partido Popular Jorge Moragas, a favor de la de la moción de censura contra el presidente del Gobierno, que es de su partido. ¡Y eso que solo hay tres botones! ¿Se explican ahora por qué no soy partidario de poseer armas nucleares?
Josetxu Rodríguez 
@caducahoy

lunes, 12 de junio de 2017

40 años y un día


Primera redacción del diario DEIA
La primera redacción de DEIA, con "cierta neblina"

 
DEIA nació hace tanto tiempo que ni siquiera James Bond tenía teléfono móvil. No les digo más. Estaba en un edificio industrial desvencijado y con montacargas. Desde el mostrador de recepción se escuchaba el frenético tableteo de los teletipos. Apenas entrabas en la redacción, sin acceso a ventanas, percibías el olor agrio del tabaco. En el turno de mañana aspirábamos el humo rancio de los compañeros de noche y ellos el nuestro. Eso nos hermanó mucho. 
Por aquel entonces había mucho trabajo por hacer y gente joven con ganas de intentarlo. Se salía de una dictadura monocorde y enfermiza y la gente demandaba aire fresco y nuevas melodías. La de DEIA sonó alta y clara y decenas de miles de lectores acudieron a diario al kiosco. Los periodistas nos ganamos la credibilidad suficiente como para que ustedes nos llamaran para interesarse por un suceso o por la capital de Kirguistán, “porque el crío está haciendo los deberes y no tengo enciclopedia”. Los medios con los que contábamos eran los mismos que usan los niños en una guardería: folios, tijeras, típex, un bolígrafo y una Olivetti. Si partiendo de algo tan modesto hemos llegado hasta aquí, no creo que haya razones para temer al futuro. Sobre todo, ahora que somos capaces de difundir noticias por tierra, mar y aire y que nuestra web cuenta ya con 80.000 navegadores diarios. Allá donde usted vaya, le perseguiremos.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

jueves, 25 de mayo de 2017

Un patafísico vasco que nació el año que viene




 Alberto Palomera, en su estudio
 
EL profesor Alberto Palomera es uno de esos personajes imprescindibles en todo grupo civilizado que se precie de serlo. Es más, en mi humilde opinión, se le debería proporcionar todo aquello que le permitiera vivir con la humildad y estoicismo que le caracteriza para que, superada toda distracción terrenal, se dedicara en cuerpo y mente a la contemplación patafísica, en la que es una eminencia completamente desconocida, aspecto del que está muy orgulloso porque cumple con todas sus expectativas. 
La patafísica, como todos ustedes saben, es una ciencia paródica dedicada “al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones”. Algunos ejemplos de sus disciplinas son la cátedra de Cocodrilología, Pedología y Adelfismo; la de Alcoholismo estético, con muchos miembros ilustres en Euskadi, y la de PNVología, que estudia la excepcional capacidad de pactar con todos los contrincantes al mismo tiempo. Palomera, que fundó el Colegio de Patafísicos Vascos el año que viene, es además un artista multidisciplinar y poliédrico. Hace unos días, presentó su libro golosina ilustrado Epi’Patafísica [Instrucciones de uso]. Con él quiere enseñarnos “a mirar donde nadie mira” y despertar en nosotros el gen que nos evite una era de “hibernación y atolondramiento perpetuo”. Cómprenlo, aunque solo sea por salvar a la Humanidad.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

viernes, 19 de mayo de 2017

Robar por robar y robar y robar



NO soy mucho de robar, la verdad, pero últimamente me estoy ejercitando para poder comprender a esa banda de golfos apandadores que esquilman las arcas del Estado y rebañan el fondo por si ha quedado algún céntimo de euro. He empezado apropiándome de algún bolígrafo en el trabajo, cacahuetes en los bares y una cereza en el súper. He reflexionado sobre la experiencia y no le encuentro la gracia. Quizá sea porque no tengo vicios caros. O puede que no los tenga por falta de entrenamiento. O porque no he hurtado lo suficiente. Quizás debería haberme apropiado de 10.000 bolígrafos. ¿Para qué? Pues, no sé. ¿Para que durante un siglo a mi descendencia no le falte la tinta? 
Si fuera ladrón, intentaría ser un profesional responsable, alguien que manga para vivir holgadamente sin dar un palo al agua. No como esa gentuza, que acapara billetes por el placer enfermizo de apilarlos y consciente de que, por edad, no podrá disfrutarlos. Son garbigunes de divisas que dan mala imagen a la profesión. Cuánto echo de menos a los ladrones de antes. Trincaban 30 millones de pesetas y se retiraban a Torremolinos a disfrutar de la vida. Estos advenedizos de ahora expolian 30 millones de euros y siguen en la brecha hasta que los trincan. Si en una isla desierta les dieran a elegir entre una gallina o un huevo de oro, morirían aferrados al oro, como auténticos gilipollas. ¡Puaj!

Josetxu Rodríguez
@caducahoy

miércoles, 17 de mayo de 2017

La vida no pasa, te atropella


La vida no pasa, te atropella

PASA la vida y no eres consciente hasta que te atropella. Vas quemando etapas a velocidad creciente y un día descubres que ya no quedas tan a menudo con los amigos. Así que decides guasapearles el viernes por la mañana para tomar juntos una cerveza el sábado por la tarde. Veinte minutos después, cuando han contestado todos, haces balance y solo puede Txema. Ese al que le dejó la mujer por cansino hace un par de meses y ahora está solo porque dos semanas más tarde le abandonaron el gato y el canario para irse a una casa donde les dieran de comer periódicamente. 
Y recuerdas aquella edad indefinida en la que te encontrabas con alguien un martes por la mañana y te sugería ir a tomar unas cubatas al puerto de El Pireo, que actuaba Mikis Theodorakis, y no cuestionabas la oferta. A lo sumo, ibas a por la mochila y el saco y, aunque no conocías al individuo, dos días después érais amigos íntimos ya que las horas muertas haciendo dedo unen mucho. 
Escribo esto y se me cae una lagrimilla porque no encuentro el tiempo perdido y, al parecer, mis amigos, tampoco. Unos cuidan padres, otros nietos, algunos están con trancazo, otros tienen que segar el césped del adosado o ver el partido o pulirse la cadera de titanio. No hay dios que haga un calendario para quedar una tarde con estos condicionantes. Tendré que esperar unos pocos años más y seguro que nos encontraremos todos en urgencias. Imagino que allí tendremos tiempo de charlar largo y tendido.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

lunes, 15 de mayo de 2017

La maldita fiesta del cine


La maldita fiesta del cine

LA fiesta es, en realidad, una bacanal para aquellos a quienes no les gusta el cine. Una mezcla de performance, botellón y festín desenfrenado. Los cinéfilos deben huir de esta promoción como de las purgaciones. Inconscientemente decidí ver Lady Macbeth el pasado miércoles en la sesión de 8.00. Cuando tomé asiento casi no había nadie en la sala. Comenzaron a llegar empezada la película, imagino que fue porque se acabaron las entradas de Fast & furious 8 o El bebé jefazo
Mis compañeros de butaca eran una pareja que había comprado tres entradas, una de ellas para depositar el contenedor de palomitas y el capazo de chuches. Se pueden imaginar cuál fue la banda sonora del filme. Lady Macbeth tuvo que repetir varias frases para que pudiéramos seguir la trama, ante el crepitar de bolsas, cacahuetes y maíces. “¡Uy, qué curioso, han apagado las luces! ¡Y no hay anuncios como en la tele!”, decía ella. “Sí, pero tampoco hay wifi”, le contestaba él mientras movía la pantalla del móvil buscando la señal. “¿Dónde está el bar?”, preguntaba ella. “No sé”, respondía él, “pero yo veo todo en 3D, menos la pantalla”. Y cosas así.
 Detrás había un matrimonio mayor que hacía la traducción simultánea para los invidentes, en el supuesto caso de que hubiera alguno. “Mira, le está poniendo los cuernos”. “Se están mojando”. “Vaya puñetazo”. “Ahora llora”. Cuando empezó a tronar en una escena, se abrieron varios paraguas. Yo también lo hice. No quería ser el raro.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

viernes, 21 de abril de 2017

Le Pen, muerta de envidia

 
CUANDO vi la agresión ultra de Bilbao experimenté dos sensaciones contrapuestas. Por un lado, me hirvió la sangre, y por el otro, se me heló el corazón. El primer impulso estaba relacionado con la sed de venganza, el instinto primario de devolver el daño corregido y aumentado: el ojo, por los dos ojos, y el diente, por la dentadura completa. Escuchando los comentarios a mi alrededor me quedé corto, muy corto, ante la capacidad del personal para imaginar tormentos que ni los guionistas de Juegos de tronos se atreverían a soñar.
 Pasado el calentón, y cuando la sangre se retiró del cerebro, pude sentir el frío en el corazón al constatar que todavía hay seres humanos que no merecen el nombre. Como ese homínido sin evolucionar y con el cerebro de una rata almizclera que, en la Plaza Nueva de Bilbao, golpea, humilla, abusa y persigue a una persona tan indefensa como lo serían ustedes o yo. Le vemos en las imágenes con su coro de primates coreándole los golpes y sentimos que no es posible que campen a sus anchas y alardeen de ello en las redes sociales sin que alguien les proteja y agasaje. Como a quien organiza homenajes a los generales franquistas y cantan el Cara al sol con un exministro presente. 
Si la ultraderecha no se presenta a las elecciones es porque ya está gobernando. Hasta Marine Le Pen se muere de envidia por el poder que atesoran sus camaradas españoles.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy




Los huevos "cabreaos"

huevos raros, huevos cabreaos

NOS llamó la atención el menú porque solo tenía dos platos: huevos raros y huevos cabreaos. Colgaba de la pared de piedra de una casa-bar junto a un río, en uno de esos valles profundos de Asturias. La atendía un tipo con coleta y porro en la boca que nos sirvió los cafés en la calle sobre una mesa oxidada. El azúcar nos lo trajo en un bote de Nesquik. Las puertas del local estaban abiertas de par en par y el equipo de música atronaba el entorno. “Yo soy feliz aquí, solo con la perra. Antes vivía en la ciudad, pero no la echo de menos. La música está a tope porque estoy del trino de los pajaritos hasta los cojones”. 
Nos dijo que tenía pocos clientes, pero que si no venía ninguno, pues mejor. Cultivando cuatro cosas y pescando angulas iba tirando. Le preguntamos por sus recetas y explicó que los huevos raros los hacía con pimentón, vinagre Pedro Ximénez y un secretillo. “Le gustan a todo el mundo, incluso a los niños, que son muy repelentes para la comida. Se diferencian de los cabreaos en que estos llevan el pimentón picante”. Mientras hablaba, entraron seis personas al local, pero les ignoró por completo y se fueron. Él siguió con su discurso: “En verano incluiré los huevos enfadaos, que llevan pimentón dulce y picante y creo que no contentarán a nadie, ya sea por exceso o por defecto”. En este punto cesó su perorata y se fue, no sin antes advertirnos que saliéramos agrupados, “que la perra es ovejera y muerde al que va por libre”. ¡Manda huevos, qué gran chef!
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

sábado, 15 de abril de 2017

Trimp, Tramp y Tromp

Trump nuclear

LOS que estamos bien informados lo sabemos: hace tiempo que la Tierra fue invadida por los ladrones de cuerpos, esos entes que llegaron del espacio exterior para colonizarnos. Abducen tanto a personas ilustres como a nuestros cuñados o, incluso, a miembros de nuestra familia, y los dirigen a su antojo como si fueran marionetas locas. Ocurrió con Felipe González. Acababan de llegar al planeta y les gustó su estilo de buen chico, estudiado, con labia y sin coleta. Se hicieron con él y, de la noche a la mañana, era presidente del Gobierno y pasó del “OTAN, no” al “Vamos a entrar y, luego, si eso, ya nos saldremos”. 

Desde entonces, los ladrones de cuerpos se han extendido y no solo los roban, también los clonan para colocarlos en más países y crear el caos. Ahí están Trimp, Tramp y Tromp, los tres mandatarios de EE. UU., un experimento fallido. Los crearon para usarlos después en Inglaterra, Alemania y Francia, pero cada uno va a su bola y no hay quien los controle: mientras uno hace negocios con Putin, el otro dispara misiles y "superbombas" como si fueran fuegos artificiales. El tercero persigue por los pasillos a Melania, que no quiere vivir en la Casa Blanca con un zombi, porque el Trump real se rompió y está enterrado en los cimientos del último hotel. Visto el fiasco, ahora lo van a intentar con Rajoy, que ha conseguido llevar a España al siglo pasado. Las elecciones les dan igual a los ultracuerpos, pero les interesa mucho los viajes en el tiempo. En eso, Mariano es un especialista.
Josetxu Rodríguez  @caducahoy