lunes, 19 de enero de 2015

¡A ducharse!, que es gerundio


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SI exceptuamos a todos aquellos que no encuentran la ducha ni en el diccionario, dicen los expertos que la usamos más de lo necesario y que bastaría hacerlo cada dos o tres días. Quienes practicamos este rito a diario estamos dañando el delicado ecosistema de la piel, lo que podría acarrearnos sequedad y la eliminación de las bacterias beneficiosas. 
Entre uno y otro extremo se abre un gran abanico de posibilidades. Por ejemplo, hay quien nunca lo hace y espera a que la roña se caiga por sí sola, como las cortezas de los eucaliptos. A este grupo pertenecen también quienes tiran la ropa interior contra la pared y solo se restriegan con agua y jabón si la ven trepar intentando huir. Más limpios son aquellos que siguen el consejo de antaño: una vez al año, por la fiesta del patrón. Siguiendo la escala de los de higiene relajada se encuentran los que van a la playa y, al salir del mar, descubren que los pies tienen dedos como las manos. Un caso parecido a los que se rascan la muñeca y se encuentran el reloj de la primera comunión. 
La frecuencia aumenta y hay quien se ducha los meses impares y quien lo hace vestido para ahorrarse la colada. La mayoría de los descritos piensan que nos lavamos por encima de nuestras posibilidades y se conforman con la ducha del polaco: cara, culo y sobaco. 
Viendo como va la economía, yo seguiré haciéndolo a diario hasta que privaticen el agua y tengamos que bañarnos con leche de burra, como Cleopatra. Saldrá más barato.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

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