martes, 10 de enero de 2017

Cómo convertir electrones en oro



CUANDO me jubile haré un doctorado para comprender el ciclo de la energía eléctrica, ya que, en estos momentos, me resulta tan complicada de asimilar como el arte amatorio del bosón de Higgs con los leptones. Lo considero un proceso alquímico que convierte los electrones en oro incumpliendo todas las leyes del mercado, la física, la lógica e, incluso, la logística. Echo un vistazo a la factura y se me funden los plomos, saltan los diferenciales y me quedo a oscuras, como sin energía. Es inútil apagar luces o electrodomésticos para ahorrar, al final, los recibos se parecen unos a otros ya seas un derrochador o un miserable avaro. 
Me explica por teléfono una señorita muy amable que es por culpa del alquiler del contador, el mantenimiento de la red de distribución y media docena de cosas más. Pero se queda callada cuando le recuerdo que cuando echo gasolina pago por el líquido que consumo y no una cantidad cada mes por el alquiler del surtidor y la red de barcos y camiones que la transportan desde los Emiratos Árabes. 
Es todo tan absurdo que la ineficiente bombilla incandescente costaba 60 céntimos y la ahorradora de led casi doce euros. Una paradoja como la de los molinos eólicos, que uno no sabe si giran porque hace viento o hace viento porque giran. Dado el precio del servicio podría pensarse que están enchufados a la red eléctrica como los ventiladores o los expresidentes y exministros. Caramba, ¡qué coincidencia!
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

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